A pesar de las afirmaciones de Miguel Torres, presidente del Senado, sobre la falta de una verdadera luna de miel para el gobierno de Keiko Fujimori, la crítica persistente a su gestión continúa en aumento. Desde el inicio de su administración, la presión sobre su gobierno ha sido constante, especialmente frente a fenómenos como el El Niño (FEN), la creciente inseguridad ciudadana y la necesidad de un orden en el Estado. La opinión pública no parece brindar el respiro que el nuevo gobierno esperaba, lo cual ha afectado su aprobación de manera significativa, evidenciando una creciente desconfianza hacia las promesas de cambio y eficiencia realizadas durante la campaña electoral.
El periodo electoral presentó a Fuerza Popular (FP) como un partido con una vasta experiencia gubernamental y un plan claro para afrontar los desafíos del país. Sin embargo, esta estrategia de marketing ha tenido un efecto contraproducente, ya que las expectativas del electorado han sido difíciles de cumplir. Los ciudadanos esperaban que, de manera casi inmediata, el nuevo Ejecutivo pudiera frenar de manera drástica el aumento de la delincuencia. Sin embargo, desde que Keiko Fujimori tomó las riendas del país, se han contabilizado más de 140 asesinatos a manos del crimen organizado, lo cual ha generado una profunda decepción entre los votantes.
El atraso en la delegación de facultades para legislar sobre la inseguridad ciudadana se ha convertido en otro tema de controversia en este nuevo gobierno. Las pugnas políticas dentro de la izquierda han complicado el avance legislativo y, a pesar del aprecio por la experiencia política de FP, las expectativas respecto a su desempeño en la cámara de Diputados no se han cumplido. En este contexto, muchos analistas y ciudadanos esperan que la administración de Fujimori tome decisiones audaces y efectivas, sin embargo, hasta ahora, estos intentos se perciben como limitados.
En cuanto a la gestión del FEN, la percepción pública se encuentra atenuada por la incertidumbre que rodea las acciones del gobierno. No se puede afirmar con certeza que se ha actuado con la diligencia necesaria, especialmente ante las previsiones de lluvias intensas y desbordes que podrían causar estragos en la infraestructura local. Este manejo del fenómeno natural es crítico, ya que la ciudadanía comienza a evaluar la capacidad de respuesta del gobierno actual, recordando ya la gestión de su antecesor con nostalgia, a pesar de sus múltiples desaciertos.
Otro reto importante que enfrenta el gobierno de Keiko Fujimori es la necesidad de ordenar el Estado, una tarea que ha demostrado ser más compleja de lo esperado. La suposición de que contaba con habilidades suficientes para llevar a cabo esta labor se ve ahora cuestionada, ya que las críticas sobre los desorganizados procesos administrativos son cada vez más frecuentes. La responsabilidad de implementar cambios significativos y efectivos en la administración pública es inminente, y la paciencia de la ciudadanía ante esta situación podría agotarse, generando un clima aún más tenso para el gobierno.
















