Laura Fernández ha logrado una victoria histórica en la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Costa Rica, convirtiéndose en la nueva presidenta del país con más del 48% de los votos, lo que le permitió evitar una segunda ronda. La candidata del Partido Soberano de los Pueblos, que lleva una agenda firme contra la criminalidad, propone continuar las políticas implementadas por el saliente presidente Rodrigo Chaves, quien la eligió como su sucesora. Fernández, con solo 39 años, se erige como una figura clave en la política costarricense, y su triunfo refleja la creciente preocupación de los votantes sobre la inseguridad y la violencia en la nación.
Durante la campaña, Fernández se centró en el preocupante aumento de la violencia relacionada con las drogas, un fenómeno que ha afectado la sensación de seguridad en el país. Afirma que sus políticas estarán inspiradas en el exitoso modelo del presidente salvadoreño Nayib Bukele, quien ha visto descender las tasas de homicidio drásticamente a través de medidas de mano dura. La candidata planea instaurar un estado de emergencia en las zonas más afectadas por las pandillas, además de finalizar la construcción de una prisión de alta seguridad, similar a las instalaciones en El Salvador, para enfrentar a los grupos delictivos de manera más efectiva.
En su discurso de victoria, Laura Fernández no solo celebró su triunfo electoral, sino que también subrayó su intención de mantener un gobierno basado en el diálogo y el respeto a los derechos ciudadanos. Sin embargo, no dudó en criticar a sus opositores, acusándolos de obstrucción y sabotaje, haciendo referencia a los retos que su predecesor enfrentó para implementar sus políticas. Con su partido obteniendo una mayoría en el parlamento —30 de los 57 escaños—, se espera que su administración cuente con el apoyo legislativo necesario para avanzar en su agenda.
Además de su enfoque en la criminalidad, la nueva presidenta se encuentra en una posición delicada en relación a las políticas de inmigración. Bajo la administración de Chaves, Costa Rica firmó un acuerdo con Estados Unidos para aceptar migrantes de terceros países considerados inseguros. Fernández ha manifestado su disposición a seguir este camino, lo que plantea preguntas sobre cómo equilibrará la seguridad nacional y la protección de los derechos humanos de los migrantes en el contexto de un país que enfrenta críticas por su papel como punto de tránsito del tráfico de cocaína hacia Estados Unidos.
Laura Fernández se convierte así en la segunda mujer en asumir la presidencia de Costa Rica, después de Laura Chinchilla, y su llegada al poder marca un nuevo capítulo en la política del país. A medida que se prepara para asumir el cargo el 8 de mayo, los ciudadanos observan de cerca cómo implementará sus promesas y enfrentará los desafíos pendientes, incluido el aumento de la criminalidad y la compleja relación con Estados Unidos. La nueva presidenta tiene una gran responsabilidad sobre sus hombros, y muchos esperan que su administración logre restaurar la paz y la seguridad en el país.
















