Sah y Maharjan representan un rayo de esperanza en medio de la devastación que ha sufrido Nepal tras una catástrofe natural que ha dejado más de 1,287 muertos y 5,083 desaparecidos. Ambos hombres fueron rescatados tras pasar diez días atrapados bajo la central hidroeléctrica Trishuli 3A, donde la fuerza de una riada dejó una secuela de destrucción devastadora. Este desastre ha movilizado a más de 13,000 personas entre rescatistas, militares y voluntarios en un esfuerzo titánico por localizar y salvar a los sobrevivientes atrapados en la red de túneles, donde muchos continúan desaparecidos.
El relato de la odisea de Sah es impactante. Cuando se desató el desastre, se encontraba en la sala de control de la planta y su primera reacción fue alertar a sus compañeros de trabajo. Su decisión de quedarse y ayudar a otros en lugar de huir por su propia seguridad dejó una huella profunda en su corazón. Atrapado en la oscuridad, recitaba un mantra, un acto que le daba fortaleza, y lograba comunicarse con otros trabajadores mediante gritos, creando un nexo humano en medio de la angustia. Tras nueve días, su salvación llegó cuando los equipos de rescate, después de muchas horas de arduo trabajo, lograron establecer contacto y finalmente sacar a los hombres del túnel.
La complejidad del rescate fue notable. Los equipos, formados por cerca de 93 efectivos y especialistas, enfrentaron bloqueos significativos de barro y escombros que dificultaron su avance. Desde el primer contacto verbal hasta el rescate final, pasaron largo tiempo excavando y utilizando herramientas pesadas para abrirse camino. Las condiciones adversas, como el escaso espacio y la presencia de agua acumulada, complicaron aún más la operación, pero la determinación de los rescatistas nunca flaqueó. Cada minuto contaba, y esa constancia permitió que Sah y Maharjan retornaran a la vida tras una experiencia indescriptible.
La reacción de las familias de los rescatados ha sido una mezcla de alivio y preocupación. Bidhya Devi Dangol, prima de Kabir Maharjan, vivió días de incertidumbre durante los cuales muchos le insinuaron que su primo no podría haber sobrevivido. Su escepticismo se convirtió en una alegría inmensa al saber que Kabir había logrado salir con vida, aunque la preocupación por su actual estado de salud en cuidados intensivos se cierne sobre ella y su familia. La historia de ambos hombres es un testimonio no solo de su resistencia, sino también del amor y la esperanza que motiva a quienes quedaron esperando ansiosos en la superficie.
A pesar de la recuperación de Sah y Maharjan, el panorama en Nepal sigue siendo sombrío. Los esfuerzos de rescate persisten, y cientos de personas siguen desaparecidas, la mayoría de ellas trabajadores de proyectos hidroeléctricos. Las autoridades continúan perforando en busca de más sobrevivientes, aunque las esperanzas son cada vez más tenues. La tragedia ha desnudado la vulnerabilidad de la infraestructura en ese país montañoso, señalando la necesidad de medidas más efectivas para prevenir y responder a futuros desastres naturales, una lección que no se puede pasar por alto en el camino hacia la reconstrucción.
















