Deuda pública estadounidense: ¿Qué significa superar los 40 billones?

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Al comienzo de su segundo mandato, el presidente norteamericano Donald Trump prometió reducir la abultada deuda del país, una meta que, sin embargo, parece haberse desvanecido ante la realidad económica actual. A medida que se acercan las elecciones legislativas de medio mandato, la deuda pública federal ha alcanzado, por primera vez en la historia de EE. UU., la cifra simbólica de 40 billones de dólares. Según datos del U.S. Treasury Fiscal Data, que es parte del Departamento del Tesoro americano, el endeudamiento asciende a 40,047 billones de dólares. Este aumento se ha visto impulsado no solo por los desembolsos obligatorios vinculados a la sanidad y la seguridad social, sino también por los costos crecientes asociados a los intereses de la deuda que el Gobierno federal se ve obligado a pagar.

La Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) había pronosticado que el volumen total de deuda se cerraría en el ejercicio fiscal 2026 en aproximadamente 39,4 billones de dólares; sin embargo, este pronóstico se ha quedado corto en vista del ritmo acelerado de endeudamiento. Factores como el repunte inflacionario, la inestabilidad geopolítica en Oriente Medio y el aumento global de los precios energéticos han sido identificados como detonantes que han llevado a este desbordamiento de la deuda pública. La situación económica actual, combinada con una política fiscal que parece no dar respuestas efectivas, está llevando a una profunda preocupación entre los analistas y economistas del país.

Jessica Riedl, especialista en política presupuestaria de la Brookings Institution, alertó a la Agencia France-Presse (AFP) sobre la aceleración del déficit del Gobierno federal, calificándolo como insostenible para la estabilidad fiscal a largo plazo. Desde la crisis financiera de 2008, el pasivo soberano estadounidense se ha más que duplicado, alcanzando aproximadamente el 125 % del PIB de EE. UU. La creciente ansiedad en los mercados de renta fija se debe, según Riedl, a que el déficit fiscal anual está cerca del 7 % del PIB, casi el doble de los niveles promedio registrados durante los anteriores mandatos presidenciales.

Scott Bessent, al asumir el rol de Secretario del Tesoro, había establecido como un objetivo clave reducir el déficit fiscal estadounidense al 3 % del PIB, en línea con las políticas de disciplina presupuestaria que promueve la Comisión Europea. Sin embargo, la brecha presupuestaria ha seguido ampliándose en los últimos meses, complicando los esfuerzos del Departamento del Tesoro. Además, han surgido obligaciones inesperadas, como las devoluciones arancelarias resultantes de fallos del Tribunal Supremo y los costos asociados con el despliegue militar en el complicado escenario del Medio Oriente.

El umbral de deuda superado de 40 billones de dólares ha encendido las alarmas en los mercados bursátiles y centros financieros globales, donde se clama por una revisión estructural del gasto y la sostenibilidad del endeudamiento. Los expertos advierten sobre las implicancias de la falta de reformas fiscales sustanciales y cómo la acumulación de pasivos soberanos estrecha el margen de maniobra ante posibles crisis macroeconómicas. A su vez, esta inquietud se extiende a Europa, donde economías como Francia y España enfrentan desafíos similares. Francia ha visto duplicar su deuda soberana a más de 3,5 billones de euros, mientras que España reporta máximos históricos con 1,739 billones de euros en deuda pública, subrayando la urgencia de una respuesta coordinada ante la inminente crisis fiscal que se cierne sobre el continente.