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Terremoto en Cali: La desesperanza y la búsqueda de sobrevivientes

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Efraín Gallego sigue aferrándose a la esperanza de que su hermano, atrapado bajo los escombros del colapsado edificio Torres del Limonar en Cali, sea encontrado con vida. A pesar de que su voz se quiebra cada vez que menciona la situación de su hermano de 80 años, Gallego se esfuerza por mantener la compostura. «Sientes angustia. Cada vez que hay una alerta sobre alguien con vida, renace la esperanza de que lo encontraremos», confiesa entre lágrimas y con la emoción a flor de piel. Este complejo habitacional, que se convirtió en un símbolo de la tragedia tras el devastador terremoto que sacudió la ciudad, ha dejado en la incertidumbre a muchas familias y ha marcado la memoria colectiva de los habitantes de Cali.

En la cruda realidad del Torres del Limonar, los rescatistas y voluntarios luchan contra el tiempo y las condiciones adversas. Bajo el ardiente sol de la mañana, lo que antes fue un edifico de cuatro pisos ahora es una montaña de escombros y pertenencias desmoronadas. «¡Silencio! Somos bomberos. Si nos pueden oír, griten o hagan algún ruido», ordenan con esperanza los rescatistas, mientras cavan cuidadosamente, intentando escuchar el más mínimo sonido que pueda confirmar la presencia de un sobreviviente. La angustia se siente en el aire cada vez que pasan los minutos sin respuesta, pero la determinación de encontrar a quienes están atrapados se mantiene firme entre todos los presentes.

El Torres del Limonar es parte de los más de 50 edificios que colapsaron durante el fuerte sismo de magnitud 7.4. Este edificio, ubicado en el barrio Capri, albergaba a numerosas familias, pero el número exacto de inquilinos que se encontraban dentro al momento del colapso aún es incierto. La situación es crítica, y bajo el mando del alcalde Alejandro Éder, que declara un toque de queda nocturno para agilizar las operaciones de rescate, más de 100 personas se han congregado alrededor del lugar, esperando con ansiedad noticias sobre sus seres queridos. Los reportes indican que una noche después del desastre, al menos 25 personas todavía están atrapadas, lo que aumenta la tensión y la desesperación en los corazones de aquellos que han perdido la calma.

Aunque la tragedia ha dejado heridas profundas, también ha provocado actos de heroísmo y solidaridad entre la comunidad. Voluntarios como Alejandro Mahecha, de 19 años, han llegado para ofrecer su apoyo a los rescatistas, llevando agua y suministros, y colaborando con los esfuerzos de limpieza. «Quería ayudar desde el principio. El terremoto afectó mi ciudad y los hogares de personas que conozco», explica Mahecha, quien se unió a otros jóvenes que se han movilizado para hacer frente a la devastación. La valentía y la generosidad de estos voluntarios han sido un rayo de luz en medio de la oscuridad que ha envuelto a Cali tras el desastre.

En medio de la desesperanza, un rescatista menciona que, en operaciones pasadas, ha logrado salvar a individuos incluso después de siete días bajo los escombros. «Quienes están destinados a sobrevivir, sobreviven. Nada está escrito», asegura el rescatista James Velasco, ofreciendo una pizca de esperanza a quienes permanecen en la espera. En ese sentido, Gallego también hace un llamado a reconocer el trabajo de quienes se han involucrado en las labores de rescate, resaltando la colaboración comunitaria en tiempos de crisis. La continuidad de las excavaciones y los esfuerzos por rescatar a las víctimas atrapadas podrían traer, al final, las buenas noticias que tanto anhelan los familiares como él.