El fenómeno del ‘scromiting’ ha captado la atención de los médicos de urgencias a medida que el uso recreativo de cannabis continúa expandiéndose en los Estados Unidos. La legalización del cannabis en varios estados ha llevado a un aumento en la prevalencia de casos relacionados con el síndrome de hiperemesis cannabinoide (CHS). Este síndrome, que incluye episodios de vómitos severos y dolor abdominal, ha generado preocupaciones entre los profesionales de la salud, quienes ahora están más alertas a estos síntomas que anteriormente podían ser pasados por alto. James Swartz, profesor en la Universidad de Chicago, señala que desde el 2020 han comenzado a recibir informes más sistemáticos sobre esta condición, lo que ha suscitado una mayor curiosidad e investigación en torno al tema.
El CHS, caracterizado por episodios cíclicos de náuseas y vómitos que pueden ser extremadamente dolorosos, fue documentado por primera vez en 2004 en Australia en pacientes que eran consumidores regulares de cannabis. Durante estos episodios, los afectados pueden vomitar varias veces por hora y experimentar un intenso dolor abdominal, lo que lleva a un fenómeno que los médicos han apodado ‘scromiting’, una combinación de gritar y vomitar. Aunque este nombre ha sido visto como algo despectivo por algunos profesionales, refleja la angustia que sufren quienes padecen de esta extraña condición. La Dra. Thangam Venkatesan, experta en el tema, enfatiza la necesidad de una mayor comprensión sobre el CHS para ayudar a quienes lo sufren.
Una de las razones detrás del aumento de casos de CHS puede ser la evolución en la potencia del cannabis disponible. Un cambio significativo ha ocurrido en la concentración de THC, que ha pasado de un 1-3% en las plantas secas a índices que superan el 15% e incluso alcanzan el 95%. Esta mayor potencia puede llevar a los usuarios a experimentar efectos adversos inesperados, incluyendo el CHS, lo que complica la situación, ya que muchos usuarios habituales no presentan síntomas. Es fundamental que los consumidores de cannabis sean conscientes de estos riesgos, especialmente los jóvenes, quienes son más propensos a consumir productos de alta concentración.
La relación entre el CHS y otros trastornos psiquiátricos también ha generado inquietudes, ya que se ha observado un aumento de casos de esquizofrenia en correlación con el uso de cannabis. La investigación sugiere que el uso diario y prolongado de cannabis, especialmente en formas altamente potentes, se asocia con un riesgo significativamente mayor de desarrollar problemas de salud mental. Swartz alerta sobre la necesidad de una mayor educación en torno al uso del cannabis, destacando que no solo se trata de disfrutar de una experiencia recreativa, sino de entender las posibles consecuencias a largo plazo que podría acarrear el consumo irresponsable.
Por último, se ha reconocido que dejar el uso de cannabis puede ser un desafío, incluso para aquellos que buscan aliviar los síntomas del CHS. Swartz enfatiza que dejar de consumir no es simplemente una cuestión de voluntad, sino que requiere una reflexión sobre por qué se consume cannabis en primer lugar. La búsqueda de alternativas a la automedicación es crucial para aquellos que luchan contra el CHS y otros trastornos relacionados. Promover un diálogo abierto sobre estos temas podría ayudar a reducir el estigma alrededor de las condiciones de salud mental y facilitar un tratamiento más adecuado y efectivo para quienes lo necesitan.
















