Sáhara Occidental marroquí: ¿Qué revela la resolución 2797?

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Desde el otoño de 2025, la situación en torno al expediente del Sáhara Occidental marroquí ha tomado un rumbo significativo que se manifiesta a través de una serie de reuniones diplomáticas discretas. Este fenómeno no es fortuito; representa un dispositivo cuidadosamente estructurado que busca reorientar el enfoque sobre este conflicto que se prolonga durante más de medio siglo. A partir de la aprobación de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el 31 de octubre de 2025, hemos sido testigos de un cambio en la terminología utilizada para describir el plan de autonomía propuesto por Marruecos, que ha pasado a ser definido como “la solución más realista”, las declaraciones de Washington y la implicación de Argelia como actor clave en el proceso han añadido un nuevo nivel de gravedad a las discusiones.

La primera etapa de este proceso se dio en Madrid en febrero de 2026, donde se llevó a cabo la primera ronda de negociaciones entre Marruecos, Argelia, Mauritania y el Frente Polisario. Este encuentro no solo marcó un intento de estabilizar el anclaje europeo en el conflicto, sino que también sentó las bases para una colaboración más estrecha. La presencia y el papel de Estados Unidos en estas negociaciones ha cambiado drásticamente, pasando de ser meros facilitadores a convertirse en coarquitectos del proceso, contribuyendo a definir la dirección futura y proponiendo un acuerdo marco que podría tener implicaciones graves para las partes involucradas.

La segunda ronda de negociaciones se llevó a cabo en Washington, también en febrero de 2026, bajo la dirección del asesor especial para África de Donald Trump, Massad Boulos. Con Estados Unidos asumido como un coautor del proceso, esta reunión facilitó un empuje renovado hacia un acuerdo marco, ofreciendo un contexto más favorable para las negociaciones. En simultáneo, el Foro de Oslo, un espacio de mediación confidencial, se convirtió en un punto clave para explorar posibles compromisos en un entorno menos restrictivo, permitiendo a los actores involucrados probar ciertos márgenes de maniobra sin el rigor del escrutinio público.

A medida que se avanza hacia París, programada para septiembre de 2026, queda claro que cada uno de estos encuentros está estratégicamente alineado hacia una fecha crítica: el 31 de octubre de 2026, cuando el Consejo de Seguridad de la ONU se reunirá para decidir sobre la renovación del mandato de la MINURSO. Este momento no es simplemente una formalidad. Se espera que la terminología utilizada en la resolución de renovación del mandato sea un indicador clave sobre el progreso político logrado, reflejando la dinámica real de las negociaciones y la situación sobre el terreno en el Sáhara Occidental.

Sin embargo, el camino hacia una posible resolución no está exento de desafíos. La inclusión formal de Argelia en el proceso plantea interrogantes sobre su disposición a aceptar el papel que se le asigna por la resolución 2797, mientras que la inestabilidad en el Sáhara Occidental sigue siendo una preocupación constante que podría desviar la atención del proceso hacia una crisis de seguridad. Asimismo, la posibilidad de que el Congreso de los Estados Unidos califique al Frente Polisario de organización terrorista podría complicar aún más las negociaciones y alterar las percepciones sobre la situación en la región. A pesar de la incertidumbre, la secuencia de reuniones y la estructura de discusiones sugieren un enfoque coordinado y multifacético hacia la resolución de este conflicto, marcando una ruptura con el statu quo que ha caracterizado el expediente durante décadas.