México y Perú han acordado restablecer sus relaciones diplomáticas tras un periodo de tensiones que se originó en 2025, cuando la ex primera ministra peruana Betssy Chávez solicitó asilo político en la embajada mexicana. Esta solicitud fue un punto de controversia, ya que Chávez fue acusada de participar en un intento de golpe de Estado en Perú, lo que llevó a los dos países a romper relaciones. Sin embargo, en un comunicado conjunto emitido el 7 de agosto, los gobiernos de ambos países destacaron la importancia de los «lazos históricos de hermandad, amistad y cooperación» que los unen, facilitando así la reconciliación entre las naciones.
En el comunicado, México y Perú reafirmaron su compromiso con el derecho internacional y los principios establecidos en la Carta de las Naciones Unidas. La normalización de las relaciones se produce en un contexto en el que ambos países enfrentan retos internos y buscan fortalecer sus vínculos diplomáticos en medio de un escenario geopolítico cambiante en América Latina. Este reinicio de relaciones es visto como un paso positivo hacia la estabilidad y la cooperación mutua en diversas áreas, desde la política hasta la economía.
La situación de Betssy Chávez ha sido uno de los aspectos más controversiales en la relación entre México y Perú. La ex primera ministra, que había estado bajo custodia en 2023 por su supuesta involucración en el plan de su antiguo jefe, el destituido presidente Pedro Castillo, fue liberada bajo fianza en septiembre de 2025. A pesar de su salida de Perú y su llegada a México, el gobierno peruano ha dejado claro que mantiene el derecho a solicitar su extradición, lo que añade una capa de complicación a la renovada relación.
Claudia Sheinbaum, presidenta de México, dio la bienvenida a Betssy Chávez en su rueda de prensa diaria, reafirmando el apoyo de su gobierno al expresidente Pedro Castillo, quien fue destituido y arrestado en diciembre de 2022 bajo acusaciones de rebelión. Este respaldo ha generado reacciones mixtas en Perú, donde las tensiones políticas continúan marcando la agenda del país. La llegada de la nueva presidenta peruana, Keiko Fujimori, la semana pasada, señala un cambio en la administración que podría influir en el futuro de las relaciones bilaterales.
La reciente reconciliación se produce en un momento crítico para Perú, que atraviesa un periodo de inestabilidad política y económica. La inclusión de Keiko Fujimori como presidenta abre la puerta a posibles negociaciones y diálogo entre las partes, lo que podría beneficiar a ambos países. La comunidad internacional estará atenta a cómo se desarrollará esta relación renovada, especialmente en términos de cooperación y desarrollo económico, así como en el respeto a los derechos humanos y la democracia en la región.
















