El pasado martes, Noruega dio un importante paso en su historia al ver al príncipe Haakon VIII jurar su cargo como nuevo rey del país, tras la muerte de su padre, Harald V. La ceremonia se llevó a cabo en el Storting, el Parlamento noruego, donde el nuevo monarca hizo un solemne juramento ante los representantes del pueblo y prometió gobernar respetando la Constitución del país. Este evento marca el inicio de un nuevo capítulo para la monarquía noruega y se da en un contexto de duelo nacional por la pérdida del querido Harald V, quien falleció a los 89 años.
La llegada de Haakon VIII al Storting estuvo acompaña de un simbolismo profundo. El monarca, quien llegó en un Lincoln Continental de 1966, hizo su entrada junto a su hija, la princesa heredera Ingrid Alexandra, subrayando así la continuidad de la dinastía noruega. Durante el breve acto de aproximadamente 20 minutos, el nuevo rey reafirmó su compromiso de adhesión a las leyes y valores democráticos del país, subrayando la importancia de su rol como símbolo de unidad nacional en un momento de transición.
La ausencia de la reina Mette-Marit se hizo notar durante la ceremonia, ya que la reina se encuentra recuperándose de un trasplante de pulmón. La Casa Real había comunicado previamente que Mette-Marit estaría bajo supervisión médica, lo que condujo a que la reina Sonja y el príncipe Sverre Magnus acompañaran a Haakon durante la jura. Este hecho resalta no solo la relevancia de la familia real en momentos de cambio, sino también el impacto de la salud de sus miembros en la continuidad del protocolo real.
La muerte de Harald V no solo conllevó la sucesión al trono en sí, sino que también marcó el fin de una era. En un conmovedor tributo, el presidente del Storting, Masud Gharahkhani, recordó la historia de su reinado. Durante el acto, se guardó un minuto de silencio en memoria del difunto rey, seguido de la interpretación del himno real, elementos que reflejan el respeto y la admiración que el pueblo noruego siente por su monarquía. La transición al nuevo reinado de Haakon VIII es percibida como un momento histórico de desafío y esperanza para la nación.
Mientras el nuevo rey se prepara para asumir su rol, el país avanza hacia el funeral de Harald V, que está programado para el miércoles 9 de septiembre en la catedral de Oslo. La capilla real ha visto un flujo constante de ciudadanos que se acercan a rendir homenaje al rey fallecido, quien dedicó su vida al servicio de Noruega. La sepultura en el mausoleo de la fortaleza de Akershus representa no solo el último adiós a un rey querido, sino también el legado que Haakon VIII tendrá que honrar en su nuevo papel como soberano.
















