Estructura de Poder de Irán: ¿Cómo se Ha Transformado en 2026?

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La estructura de poder de la República Islámica de Irán ha experimentado un cambio significativo en 2026, una transformación sin precedentes en su cúpula política y militar desde la Revolución Islámica de 1979. La crisis bélica desencadenada por el ataque conjunto de Israel y Estados Unidos a finales de febrero dejó un vacío de poder tras la muerte del líder supremo Alí Jamenei y otros altos funcionarios clave del régimen, como el comandante en jefe del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI). Ante esta situación, el ala más dura del CGRI ha consolidado su influencia en las principales instituciones estatales, mientras que el presidente Masoud Pezeshkian busca mantener una línea diplomática con Washington, generando tensiones internas sobre la dirección futura del país.

El liderazgo de Mojtaba Jamenei, quien asumió el cargo de Líder Supremo el 8 de marzo de 2026 tras la muerte de su padre, ha suscitado controversias entre sectores del clero iraní. Aunque su nombramiento fue impulsado por el CGRI, muchos críticos señalan que la falta de consenso dentro del ámbito religioso podría generar inestabilidad. La Asamblea de Expertos, encargada de elegir al Líder Supremo, mantiene un papel vital en este proceso, pero su influencia se ve limitada por la creciente concentración de poder en manos de los militares y la seguridad, evidenciando una disonancia entre la legitimidad religiosa y el control militar.

El Consejo de Guardianes y el Consejo de Discernimiento del Sistema operan como mecanismos clave en el mantenimiento de la estructura de poder. Ahmad Jannati, secretario del Consejo de Guardianes, es un actor central en la regulación de quién califica para ocupar cargos electos en Irán, desempeñando un papel crítico en el fortalecimiento del ala dura del régimen. Además, el Consejo de Discernimiento, presidido por Sadeq Larijani, actúa como un órgano consultivo que respalda las decisiones del liderazgo, consolidando así la conexión entre el marco legislativo y la autoridad militar en el país.

El aparato de seguridad y defensa juega un rol crucial en este contexto político. La dirección del Consejo Supremo de Seguridad Nacional ha caído en manos de Mohsen Rezaei, reforzando la presencia de la vieja guardia militar del CGRI en la definición de la política exterior e interior. Bajo el mando de Ahmad Vahidi, el CGRI no solo actúa como una fuerza paramilitar, sino que también se ha convertido en un pilar del régimen, eclipsando el prestigio de las Fuerzas Armadas regulares. Mientras tanto, en medio de esta concentración de poder, el Basij continúa cumpliendo con su función de reprimir la disidencia, lo que alimenta aún más la tensión entre diversas facciones dentro del régimen.

En el ámbito ejecutivo, el presidente Masoud Pezeshkian se enfrenta a limitaciones en su mandato debido a la superioridad del Líder Supremo y su influencia sobre el Ministerio de Asuntos Exteriores. Aunque el parlamento, bajo el liderazgo de Mohammad Bagher Ghalibaf, tiene un poder institucional medio, la realpolitik de Teherán está marcada por la injerencia militar y la seguridad. El contexto geopolítico y la fluctuante dinámica interna sugieren que la cúpula iraní se dirige hacia un periodo de tensión continuada, con el CGRI como actor central, mientras que el papel de las figuras civiles podría ser cada vez más restringido.