¿Existe la depresión en niños? Psicóloga explica cómo detectarla

características de la depresión infantil

Tendemos a pensar en la infancia como una época de inocencia y alegría, pero hasta un 2 o 3 por ciento de los niños de 6 a 12 años pueden sufrir una depresión grave, comenta Alejandra Goñi Ossa.

No son sólo los adultos y los adolescentes los que pueden tener depresión; los niños pequeños también pueden experimentarla, pero puede ser muy diferente, lo que hace que sea un reto para los padres -o los médicos- reconocerla y proporcionar ayuda.

Alejandra Goñi Ossa, psicóloga titulada en la Universidad Adolfo Ibáñez, dice que puede ser difícil pensar en la depresión en los niños pequeños porque nos imaginamos la infancia como una época de inocencia y alegría

Pero lo cierto es que hasta un 2% o 3% de los niños de 6 a 12 años pueden sufrir una depresión grave, explica. “Los niños con trastornos de ansiedad, que están presentes en más del 7 por ciento de los niños de 3 a 17 años, también corren el riesgo de sufrir depresión”, agrega. 

¿Cómo poder identificar este problema de salud mental en los pequeños? La especialista comenta en esta nota. 

¿Cómo luce la depresión en los niños? 

Cuando los niños pequeños están deprimidos, no es inusual que el estado de ánimo principal sea la irritabilidad, no la tristeza. Se percibe como muy malhumorado y es mucho menos probable que los niños entiendan que lo que sienten es depresión o lo identifiquen así. Son los adultos los que deben buscar las señales de que algo no va bien. 

La mejor manera de que los padres reconozcan la depresión en los niños pequeños no es tanto por lo que dice el niño como por lo que hace, o deja de hacer. Hay que buscar cambios significativos en el funcionamiento. Si un niño deja de jugar con sus cosas favoritas o deja de responder a lo que solía responder, puede ser una señal. 

«Los niños pueden parecer desmotivados, tener menos energía o cansarse con facilidad. Y pueden empezar a quejarse de síntomas físicos, especialmente dolores de estómago y de cabeza. Pueden dormir más, o menos, e incluso perder el apetito”, expresa Alejandra Goñi. 

Las tasas de suicido infantil son bajas, pero es un tema a tratar por los padres

La irritabilidad y el enfado pueden ser signos de una profunda tristeza. Y aunque los intentos de suicidio por parte de niños en edad escolar son raros, ocurren y han aumentado en los últimos años. El suicidio fue la segunda causa de muerte en niños de 10 a 14 años en 2018, y un estudio de JAMA de 2019 mostró el aumento de las visitas a la sala de emergencias de los niños por pensamientos o acciones suicidas de 2007 a 2015: el 41% en niños menores de 11 años. 

El mito más problemático sobre el suicidio es el miedo a que si preguntas por el suicidio les estás metiendo la idea en la cabeza. «Si se trata de un niño para cual esto no es un problema, simplemente te mirará como si estuvieras loco», dice Goñi Ossa. «No se puede perjudicar a alguien preguntándole», complementa. 

¿Pero qué pasa si los niños dicen que han pensado en el suicidio? Al igual que en el caso de los adultos, esto sugiere que el niño está viviendo con dolor y tal vez pensando en una salida. En ciertas ocasiones, también el sucidio puede ahondar la cabeza de un joven por algún contenido que vio en redes sociales.

Si un niño habla de querer morir, hay que preguntarle a qué se refiere y pedir ayuda a un terapeuta. Una afirmación de este tipo puede ser una señal real de que un niño está angustiado.

La importancia de la ayuda psicológica y psiquiátrica

Si observas cambios como el retraimiento de las actividades, la irritabilidad o la tristeza, la fatiga o los trastornos del sueño que persisten durante dos semanas, considera la posibilidad de que el niño sea evaluado por alguien que esté familiarizado con los problemas de salud mental en los niños de esa edad. Empieza por su pediatra, que conocerá los recursos disponibles en su zona.

Los padres deben insistir en una evaluación exhaustiva de la salud mental, incluyendo la recopilación de la historia de los padres, pasando tiempo con el niño y hablando con la escuela. La evaluación debe incluir preguntas sobre los síntomas de la depresión, así como la búsqueda de otros problemas, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad o la ansiedad, que pueden estar en la raíz de la angustia del niño.

«Los padres deben tomarse los síntomas del niño muy en serio. En las formas graves, se convierte en una bola de nieve con el tiempo y el inicio temprano se asocia con peores resultados a lo largo de la vida”, concluye Alejandra Goñi. 

Alejandra Goñi Ossa
Alejandra Goñi Ossa, psicóloga chilena.

El panorama del turismo latino para el 2022

¿Quién es Daniel Salaverry, nuevo presidente de Perupetro?