Un ataque violento atribuido a la pandilla Gran Grif ha dejado al menos 16 muertos y miles de desplazados en el área rural de Haití, destacando una vez más la grave crisis de seguridad que enfrenta el país. Según informes, los ataques se llevaron a cabo durante el fin de semana, y aunque la policía confirman 16 fallecimientos, se teme que la cifra real sea considerablemente mayor. Un periodista local ha indicado que el número podría alcanzar hasta 20 muertes, mientras que grupos de derechos humanos sugieren que el total podría superar las 70, lo que subraya la gravedad de la situación. La violencia de pandillas es un fenómeno recurrente en Haití, donde el caos y la impunidad han permitido que estos grupos operen con libertad.
Los ataques se centraron en la zona rural de Jean-Denis, cerca de Petite-Rivière de l’Artibonite, donde un grupo de hombres armados atacó a la población local. Testigos relatan que la pandilla llegó de múltiples direcciones, incendiando casas y disparando a cualquiera que intentara escapar. La policía ha enfrentado dificultades para acceder a la zona debido a la presencia persistente de los miembros de la pandilla, lo que ha hecho que muchos habitantes teman recoger los cuerpos de sus seres queridos, que aún yacen en las calles. Este tipo de violencia está provocando el desplazamiento forzado de cientos de personas, quienes huyen en busca de seguridad.
Romain Le Cour Grandmaison, director del Observatorio de Haití de Global Initiative, comentó que el ataque parece haber sido coordinado estratégicamente, con carreteras bloqueadas para evitar la intervención policial. Además, el ataque estuvo precedido por advertencias que generaron críticas a las autoridades, quienes no lograron responder adecuadamente a la escalada de violencia. Este aspecto revela la alarmante vulnerabilidad de la población a las amenazas de las pandillas y la ineficacia de las fuerzas del orden en proteger a los civiles.
La figura detrás de estos ataques, conocida como «Ti Kenken», ha generado un profundo debate sobre la lealtad de los líderes de las brigadas de vigilantes en Haití, al haber pasado de defender a los residentes locales a integrar a una de las pandillas más temidas del país. Esto plantea inquietudes sobre el futuro de la seguridad en Haití, ya que los líderes de vigilancia, que en un momento fueron considerados aliados de la policía, pueden convertirse en sus enemigos. La dualidad de su papel en la sociedad podría complicar aún más la ya frágil situación de seguridad, con un riesgo creciente de que la violencia se intensifique y afecte a más civiles.
Los residentes de la región de Artibonite ya han sido blanco de la violencia de pandillas en el pasado, como se evidenció en octubre de 2024, cuando un ataque similar a manos de Gran Grif resultó en más de 100 muertes. La organización ha sido designada como una Organización Terrorista Extranjera por Estados Unidos, lo que resalta su papel como una de las principales fuentes de inestabilidad en Haití. Con el objetivo de reemplazar a la fuerza de policía multinacional, se prevé la llegada de un nuevo contingente de tropas respaldado por la ONU en abril, pero la situación actual plantea serias dudas sobre si estos esfuerzos serán suficientes para contener la violencia desatada por las pandillas en el país.
















