El reciente asesinato de Hernando Forero Mosquera, sospechoso de ser el líder del Frente 28, ha marcado un cambio significativo en la estrategia del nuevo presidente colombiano, Abelardo de la Espriella. Esta operación militar, que tuvo lugar en el centro del país, es parte de una ofensiva más amplia contra los grupos armados ilegales, un compromiso que de la Espriella asumió al asumir la presidencia. A través de este accionar, el presidente ha dejado claro que su administración no tolerará la existencia de facciones criminales que amenazan la seguridad y el orden público en Colombia, enviando un mensaje contundente a aquellos que operan al margen de la ley.
Desde que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc) firmaron un acuerdo de paz en 2016, varios grupos disidentes han surgido, desafiando los términos del acuerdo y continuando con actividades ilícitas, como el narcotráfico y la minería ilegal. El Frente 28, bajo el mando de Forero, es uno de esos grupos que ha crecido en influencia y ha contribuido al aumento de la violencia en el país. Con la muerte de Forero, las autoridades colombianas esperan que se debilite la estructura de estos sindicatos criminales, pero las reacciones de retaliación y los actos de violencia ya han comenzado a manifestarse.
El enfoque agresivo de de la Espriella contrasta drásticamente con el de su predecesor, Gustavo Petro, quien intentó implementar una estrategia de negociación conocida como «paz total». Aunque el proyecto de Petro tenía como objetivo fomentar el diálogo y la resolución pacífica de conflictos, sus esfuerzos se vieron frustrados por la inconstancia de los grupos armados, que a menudo rompían los ceses al fuego convenidos. La elección de de la Espriella ha traído consigo una política de confrontación directa que, aunque controversial, refleja el descontento de una parte significativa de la población que exige una solución firme a la crisis de seguridad.
Las acciones del nuevo gobierno no han pasado desapercibidas, ya que desde su toma de posesión, la violencia ha resurgido, evidenciada por los recientes ataques explosivos en las provincias de Cauca y Cesar. Durante su primer fin de semana en el cargo, dos explosiones causaron lesiones a guardias y resultaron en la muerte de un oficial de policía. La rápida escalada de violencia pone de manifiesto los riesgos asociados a la estrategia beligerante adoptada por de la Espriella, y sugiere que la era de negociaciones podría estar quedando atrás.
Además del respaldo nacional, el presidente de la Espriella recibe apoyo internacional, particularmente de Estados Unidos, que ha anunciado una significativa asistencia de seguridad para fortalecer su lucha contra el narcotráfico y el crimen transnacional. La colaboración con países de la región, a través del «Escudo de las Américas», representa una oportunidad para transformar la lucha contra las organizaciones criminales en Latinoamérica. Con este respaldo, el presidente busca consolidar su poder y restaurar la paz y el orden en Colombia, aunque el camino por delante estará marcado por desafíos y oposiciones tanto internas como externas.
















