Día D del dólar: ¿Cómo afecta a las empresas españolas el comercio con Irán?

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El reciente anuncio del Departamento del Tesoro de EE. UU. sobre la «Operación Economic Outcast» ha desatado una ola de inquietud entre las empresas europeas y españolas, obligándolas a reevaluar sus relaciones comerciales con Irán. Scott Bessent, secretario del Tesoro, dejó claro que la nueva estrategia de sanciones secundarias no solo está dirigida a Teherán, sino que representa una advertencia contundente para cualquier entidad que intente navegar en aguas comerciales con la República Islámica. Las empresas ahora deben enfrentar una dura elección: desvincularse de Irán o arriesgarse a perder el acceso a uno de los mercados más lucrativos del mundo: el estadounidense.

Este enfoque coercitivo, basado en la extraterritorialidad de las sanciones, ha colocado a las corporaciones europeas en una posición precaria. A diferencia de las sanciones primarias que afectan directamente a los ciudadanos y empresas estadounidenses, las sanciones secundarias impactan a cualquier empresa extranjera que tenga la osadía de mantener lazos comerciales con Irán, incluso si estas transacciones no tocan suelo estadounidense. Esto ha llevado a una cultura de «overcompliance» en la que las entidades financieras bloquean preventivamente operaciones relacionadas con Irán, aumentando así la presión sobre las empresas que, ante el miedo a severas multas y sanciones, optan por desconectar cualquier lazo con el comercio iraní.

Las grandes multinacionales europeas, al verse acorraladas por este panorama, han comenzado a retirar su inversión y proyectos en Irán, enfrentándose a pérdidas millonarias. Airbus, TotalEnergies y Eni son solo algunos ejemplos de cómo las empresas están cancelando o frenando acuerdos significativos para salvaguardar sus operaciones en América del Norte. La situación es especialmente crítica para aquellos sectores que dependen de suministros o componentes estadounidenses, donde la mera presencia de tecnología o materiales de EE. UU. en un producto podría hacer que los contratos sean inviables. Todo esto subraya la desesperada encrucijada en la que se encuentran las corporaciones, que deben equilibrar sus estrategias comerciales globales frente a la presión de la administración estadounidense.

El impacto de esta ofensiva en las empresas españolas es palpable. Sectores como la siderurgia y la cerámica, que históricamente han mantenido relaciones comerciales con Irán, ahora lidian con las consecuencias de una política que les corta las vías de recuperación. Prácticamente inhabilitadas para operar, empresas como Tubacex han visto cómo sus pactos para proyectos energéticos han sido anulados, lo que podría traducirse en despidos y recortes que amenazan la estabilidad laboral en áreas que dependen de la exportación. La situación se complica aún más para las pymes del sector cerámico de Castellón, que ahora enfrentan graves problemas de tesorería debido a impagos y la imposibilidad de recuperar cobros.

Por último, a pesar de la existencia del Estatuto de Bloqueo europeo, que teóricamente debería proteger a las empresas de cumplir con sanciones extraterritoriales, en la práctica se ha demostrado ineficaz. Las empresas europeas se encuentran en un dilema donde cumplir con la legislación de la UE significa arriesgarse a sanciones norteamericanas devastadoras. La falta de acción efectiva por parte de Bruselas para fortalecer este marco legal solo ha acentuado la desconexión con Irán, dejando a los competidores de países no alineados, como China y Turquía, en un lugar privilegiado para capitalizar el mercado iraní. En resumen, el «Día D» para el comercio con Irán representa una nueva era de incertidumbre para las empresas europeas, presionadas por la estrategia coercitiva de Washington.