La situación de los adolescentes venezolanos, Deivi y Winder Delfín, ha llegado a ser desoladora. Tras los devastadores terremotos que azotaron su país y que les costaron la vida de múltiples seres queridos, incluidos su madre y su hermano pequeño, habían buscado refugio en Colombia. Sin embargo, en un cruel giro del destino, se encontraron atrapados en un nuevo desastre sísmico, justo cuando comenzaban a sufrir el dolor de su pérdida. Los ecos de los temblores en Venezuela parecían perseguirles incluso en su nuevo hogar, interrumpiendo su ya frágil intento de reconstrucción familiar y emocional.
La experiencia de los hermanos transcenderá a su juventud; su inocencia ha sido reemplazada por un sentido abrumador de pérdida y responsabilidad. Tras haber sido testigos de la muerte y la destrucción, Deivi, de 15 años, y Winder, de 17, se sintieron obligados a convertirse en los pilares de lo que quedaba de su familia. Recuerdan vívidamente cómo, después del desastre, tuvieron que participar activamente en los esfuerzos de búsqueda y rescate, exponiéndose a riesgos mortales en una escena casi incomprensible. La vida cotidiana ahora les parece un desafío monumental y su infancia, un lujo del que fueron despojados abruptamente.
El impacto de la tragedia en la vida de los Delfín no solo se manifiesta en la pérdida de sus seres queridos, sino también en la carga psicológica que han tenido que soportar. Winder describe cómo vio a su madre, Yusmani, atrapada entre los escombros de su hogar. Encontrar a su madre y a su hermano pequeño, Moissés, se convirtió en un proceso desgarrador que marcó sus corazones para siempre. Las secuelas del trauma son palpables: los adolescentes, aunque físicamente presentes, llevan consigo el peso de las memorias dolorosas y la constante adaptación a un entorno que, en teoría, debería haber sido un refugio.
La mudanza a Cali, Colombia, se perfilaba como una nueva esperanza para los Delfín tras el desastre en Venezuela. Sin embargo, solo tres días después, sintieron cómo la tierra volvía a temblar. La certeza de que ya habían superado una tragedia se desvaneció rápidamente cuando se vieron nuevamente obligados a enfrentar el caos. La erupción de terror volvió a sus mentes: en medio de la incertidumbre y el miedo, Deivi y Winder tuvieron que apelar a su fortaleza emocional para calmar a su padre, quien angustiado buscaba a sus hijos en medio del desastre.
A pesar de haber pasado por una experiencia inimaginable, los hermanos Delfín buscan mirar hacia el futuro. La resiliencia que ha surgido de su sufrimiento es notable; Deivi y Winder están decididos a honrar la memoria de sus seres queridos mediante el esfuerzo y la dedicación en su nueva vida. A medida que se enfrentan a los retos de una nueva vida en Colombia, su historia se convierte en un testimonio poderoso de la lucha, la esperanza y la capacidad de seguir adelante, incluso en medio de las sombras de la tragedia que les persigue.
















