La reciente aprobación de una nueva ley en Brasil marca un hito en el reconocimiento legal de las mascotas como miembros de la familia, al permitir que los tribunales establezcan acuerdos de custodia compartida para las parejas separadas. Este cambio legislativo responde a un creciente interés y apego emocional que los brasileños tienen hacia sus animales de compañía. Según lo establecido, cuando una pareja se separa y no logra un consenso sobre la custodia de su mascota, un juez tendrá la autoridad para decidir cómo se compartirá la custodia y cómo se dividirán los gastos relacionados con el bienestar del animal, reflejando así la importancia que estos seres vivos tienen en la vida cotidiana de las personas.
Con aproximadamente 160 millones de mascotas en un país de 213 millones de habitantes, el Instituto Pet Brasil subraya el fenómeno del vínculo entre los humanos y los animales. La ley estipula que para que se aplique la custodia compartida, el animal debe haber pasado la mayor parte de su vida con la pareja, a fin de garantizar un entorno estable para la mascota en un momento de cambio familiar. Este enfoque tiene como objetivo priorizar el bienestar del animal, evitando el desarraigo y el estrés que podría causar un cambio brusco de hogar.
Los legisladores brasileños han resaltado cómo, en los últimos años, ha aumentado el número de disputas legales sobre la custodia de mascotas, lo que refleja una transformación en las dinámicas familiares y sociales. En un comunicado, comentaron que la nueva legislación responde no solo a un cambio en los valores culturales, sino también a la creciente tendencia de las parejas con menos hijos a involucrarse más emocionalmente con sus animales, a quienes consideran miembros plenos de sus familias. Esta ley muestra una evolución en la manera de concebir la vida familiar en la sociedad brasileña.
Comparativamente, las leyes sobre la custodia de mascotas en otros países varían significativamente. Por ejemplo, en el Reino Unido, los perros y otros animales de compañía son considerados objetos, lo que limita las disputas de custodia a cuestiones de propiedad. En contraste, Francia dio un paso similar al de Brasil en 2014, al clasificar a las mascotas como ‘seres vivos y sintientes’, permitiendo así la posibilidad de acuerdos de custodia más humanos. Estas comparaciones también destacan la brecha que existe en la legislación de otros países, como Australia, donde no hay precedentes legales claros sobre el manejo de la custodia de mascotas tras una separación.
El caso reciente en Madrid, donde el tribunal dictó que ambas partes eran ‘responsables conjuntamente’ y ‘co-cuidadoras’ de un perro llamado Panda, pone de manifiesto la creciente relevancia legal y social que se le otorga a los animales en caso de separación. La ley brasileña, al incorporarse a este contexto, se posiciona como una referencia en América Latina, marcando un avance significativo en la protección de los derechos de los animales y asegurando un tratamiento más equitativo para el bienestar de las mascotas en el ámbito de la separación conyugal.














