Rusia y China han expresado su condena enérgica ante la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, quien falleció en un ataque aéreo conjunto de Estados Unidos e Israel. Ambos países han advertido sobre las graves repercusiones que este acontecimiento podría tener en la estabilidad regional, haciendo un llamado a cesar de inmediato las hostilidades. El presidente ruso, Vladímir Putin, calificó el ataque que causó la muerte de Jamenei como una «violación cínica de la moral humana y del derecho internacional», extendiendo sus condolencias a la familia del líder y al pueblo iraní, lo que refleja la postura crítica de Moscú implicando un desafío a las acciones estadounidenses e israelíes.
En una nota enviada al presidente iraní, Masoud Pezeshkian, el Kremlin acusó a Washington y Tel Aviv de realizar un «flagrante asesinato» que dejó no solo a Jamenei, sino también a varios miembros de su familia sin vida. Además, el presidente Putin elogió el papel de Jamenei como un «estadista destacado» que había fortalecido las relaciones entre Rusia e Irán, lo que pone de relieve la importancia estratégica de la figura del líder supremo para Moscú, en un contexto de creciente incertidumbre en la región.
La muerte de Jamenei, tras 36 años de liderazgo, se considera un golpe significativo para la influencia de Rusia en Oriente Medio, particularmente en un momento en el que Teherán se alza como un bastión contra la hegemonía estadounidense. La caída de aliados de Moscú en diferentes partes del mundo, como Siria y Venezuela, ha hecho resonar las advertencias de analistas que ven el asesinato de Jamenei como un indicativo más de los riesgos asociados a pautas unilaterales de intervención, comparando esta situación con la destitución de líderes como Muamar el Gadafi y Sadam Husein.
A pesar de la estrecha cooperación militar y estratégica que han cultivado con Irán, los analistas subrayan que el Kremlin no parece dispuesto a una intervención militar inmediata en respuesta a los ataques aéreos. Putin ha manifestado su preocupación por la posible consolidación de la sociedad iraní en torno a su liderazgo político tras la muerte de Jamenei, a lo que se suman las reservas rusas sobre el desarrollo de armas nucleares por parte de Irán, temiendo que esto podría provocar una carrera armamentista en la volátil región.
En paralelo, China ha condenado los ataques, tachándolos de «inaceptables» y llamando a un alto el fuego inmediato. El ministro de Asuntos Exteriores chino, Wang Yi, insistió en la necesidad de diálogo para evitar una escalada de hostilidades en Oriente Medio. Por otro lado, la agencia estatal Xinhua describió los ataques como una «agresión descarada» contra la soberanía iraní. La respuesta de China ha incluido el asesoramiento a sus ciudadanos para que evacuen la zona, evidenciando una creciente preocupación internacional por los efectos colaterales de este conflicto, lo que, sumado al clima de inestabilidad, puede desatar un nuevo ciclo de violencia y desestabilización en la región.















