Las provincias del sur de Marruecos han mostrado una participación notable en las recientes elecciones legislativas del 23 de septiembre, marcando un hito en su implicación política. Este evento ha colocado al Sáhara marroquí en el epicentro del proceso electoral, reavivando el debate sobre la movilización de sus ciudadanos y su papel en la vida pública local. A diferencia de la tendencia nacional, donde la participación cayó del 50,86% en 2021 al 38,08% en 2026, las regiones meridionales han mantenido tasas superiores al 70%, destacándose como bastiones de participación democrática y cívica.
Las cifras oficiales corroboran la intensa movilización en el sur. En la región de El Aaiún-Sakia El Hamra, alcanzaron un impresionante 77% de participación, seguida de Dajla-Oued Eddahab con un 61% y Guelmim-Oued Nun con un 53,48%. Estos resultados son una continuación de una tendencia de compromiso cívico observada en elecciones pasadas, donde los ciudadanos ejercen activamente sus derechos políticos ante organismos internacionales. Este aumento en la participación ha atraído la atención de observadores vinculados al Consejo Nacional de Derechos Humanos y a misiones de la ONU, evidenciando la importancia de la democracia en la región.
Según Hamdani Moulay Boubkir Hamdani, presidente del Centro de Reflexión Estratégica y de Defensa de la Democracia en El Aaiún, la alta participación es un reflejo del interés de los ciudadanos por incidir en el futuro institucional y socioeconómico de sus comunidades. Este ánimo cívico no es nuevo: en elecciones anteriores, las tasas en la circunscripción de El Aaiún han mostrado un crecimiento significativo, consolidando el papel preponderante del sur en la esfera política nacional. La movilización electoral es vista como un medio para que los habitantes aboguen por sus intereses locales y presentes en el espacio político del Reino.
Los resultados electorales no solo reflejan un deseo de representación, sino también la respuesta a dinámicas locales que fomentan la participación. Factores como la competencia entre los partidos, la implantación territorial y las necesidades comunitarias han sido determinantes. Las elecciones se han dado en un contexto estratégico, conciliando la propuesta de autonomía con los objetivos de desarrollo regional, lo que ha fortalecido la legitimidad del proceso electoral. A pesar de la cercanía geográfica, las diferencias en la participación entre regiones como El Aaiún y Guelmim-Oued Nun muestran la diversidad socioeconómica que influye en la movilización electoral.
Un aspecto destacado de estas elecciones son las ocho mujeres saharauis elegidas para la Cámara de Representantes, un avance histórico para la representatividad femenina en la política de la región. Las diputadas electas provienen de diversas fuerzas políticas, reflejando un espectro que va desde el liberalismo hasta el progresismo. Su inclusión no solo amplía la representación de las mujeres en el ámbito legislativo, sino que también enriquece el debate político en Marruecos, llevando las voces del sur a la palestra nacional. Con esta nueva incorporación, se refuerza el papel de las mujeres en la toma de decisiones y en la defensa de intereses críticos para sus comunidades.
















